Mujer sin nombre

ÓPERA EN TRES ACTOS

AMANDA GUERREÑO–HORACIO BERÓN

¿Cómo puede suceder que dentro de nuestros pequeños cuerpos viva un gigante inmenso, tan grande que pueda lamer el cielo con su lengua?
Fragmento de Mujer sin Nombre

Hacia 1783, época en la que Buenos Aires estaba bajo la Monarquía Católica de España, una esclava busca ser actriz, a pesar de los impedimentos su amo ve la posibilidad de ganar dinero alquilándola a un empresario para que trabaje como actriz en el Teatro la Ranchería. Cuando actúa recobra su condición de mujer, su identidad y libertad. Es en el teatro donde puede cuestionar esa condición de esclava, señalar la discriminación, el maltrato de los blancos hacia los negros, la fuerte división entre ricos y pobres. Allí conoce a un actor integrante de la compañía, mientras viven su relación en la clandestinidad llega la noticia que el pueblo de Haití se está rebelando. Ese objetivo la moviliza para huir y comenzar una nueva vida La tensión va en aumento. Se produce un incendio en el teatro, y el dueño reclama a su esclava. El amo intenta forzar a Tomasa pero ella puede huir hacia Haití, buscando otra forma de vida y libertad como tantos esclavos que lo lograron. Tomasa por fin puede ser nombrada, un nuevo amanecer la encuentra como una mujer libre, como su nuevo nombre: Libertad.

El horror del incendio históricamente para el teatro pudo ser sinónimo de libertad. La libertad causó ese fuego violento de ciertos sectores sociales queriendo apagar lo que iluminaba nuestro arte, pero lo único que hizo fue avivar el “arder en las conciencias y en las memorias de los teatristas” (Eugenio Barba).

Mujer sin Nombre hoy en día se resignifica hacia múltiples sentidos. En un tiempo de oscuridad, de apagón, de telones cerrados, esperamos reunirnos en nuestro histórico ritual para dejar arder la memoria y la alegría de encontrarnos de nuevo y con algo nuevo.

EQUIPO

Dirección Escénica: Florencia Ayos
Dirección Musical: Pablo Manzanelli

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